Carta de Julia

Cuando supieron de mi embarazo, hasta mis amigas pero también el médico, me decían que debía abortar. Y yo no podía creer que no pudiera tener a mi hijo, nadie me dijo que existía Casa Cuna Ainkaren, hasta que entré en una iglesia y allí me informaron de que existe otra alternativa, que hay salida y un nuevo horizonte. Una oportunidad de vida, de amor. Decidí ir ...

No se imaginan como me llenaron de felicidad al darme esta oportunidad de llegar a esta casa, realmente les felicito por esta labor que realizan, tanto ustedes como las voluntarias.

La experiencia que viví en Casa Cuna Ainkaren será inolvidable, también hubo dificultades pero ya no estaba sola para afrontarlas.

Pido a Dios que les de salud y puedan seguir adelante en sus proyectos y así puedan hacer sonreír a muchos niños y sus madres, que no saben que también pueden ser felices.

Ahora con mi testimonio también tu puedes serlo. Mis mejores deseos de vida.

Julia


Augustus Pastriz

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El día 14 de Mayo de 2016, Nos abrió las puertas de su casa y también su corazón, la Casa Cuna Ainkaren.

Muchas gracias, María Pilar, por tu atención y dedicación.

Un grupo de personas, la mayoría voluntarias, capitaneadas por una general del amor, como es Teresa González, capaces de ser portadores de ILUSIÓN Y ESPERANZA, al mismo tiempo, padres, madres, amigos y maestros de vida.

La Casa Cuna Ainkaren es un corazón tan grande que hace que se "convierta en hogar, en amor, en esperanza, pero sobre todo en vida, para todas aquellas mujeres que tienen problemas, de distintas índoles, para llevar a cabo el poder tener a su hijo". (Como esta asociación plasma en su ideario)
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Que nos acogierais un día tan malo, como es un sábado a la hora del zafarrancho, es de agradecer.
Susana: ¡Qué catequesis de vida nos dio a todos! ¡Qué maravilla escucharla! Y ver como los jóvenes, y no tan jóvenes, recibíamos atentamente sus palabras.

Nos habló de PREVENCIÓN, para que algo así no te suceda nun­ca, de saber qué hacer en caso de encontrarte en esa tesitura, y conocer dónde acudir sabiendo que siempre serás bien recibida.
También de las dudas, las luchas, ¿Cómo voy a salir adelante con un niño estando sola?

Qué duro tener que enfrentarte a una vida que te ha dado la espalda; qué te ha herido; que te hace perder la esperanza y dejar de creer en todo. Y cuando digo todo ¡ES EN TODO! Que lo que ha podido ser amor se convierte en desesperación y te encuentras frustrada, desesperada, "ninguneada".

En esos momentos necesitas un abrazo, una voz que te diga: "que tú puedes, que vales mucho". Necesitas risas, oír que no estás sola, que hay a mucha gente a la que le importas. ¡Lo que llevas en tu vientre, a fin de cuentas, es AMOR!
Y un día encuentras esa mano que desesperadamente buscabas, y empiezas a valorarte. Y en nueve meses ves esos ojitos que te miran, esa boquita que te besa, ese cuerpecito que depende de ti. Y sin darte cuenta te has convertido en esa persona que te cuida, que te acoge, que ríe con­ tigo, que llora cuando lloras, que daría la vida por tí. Te has convertido en lo más grande que hay en este mundo. ¡Ser Madre!

Os conocimos a algunas, Mari Cruz, tu valentía, a pesar de la timidez, fue todo un ejemplo para nosotros. Tenemos la certeza de que vas a ser una gran madre.
Tu consejo para los jóvenes fue extraordinario: "Primero estudiar, luego trabajar, para poder tener una familia".

Gracias a todas por compartir esos momentos con nosotros, por emocionarnos con las miradas limpias y expectantes de vuestros preciosos niños.
Espero que un día sepan reconocer vuestra valentía, esfuerzo, lucha, y sobretodo amor. Un amor que la mayoría de las veces os ha sido negado.

¡Ánimo, valéis muchísimo! Sois un ejemplo para muchas mujeres, de cualquier edad. Y le pido a Dios que os devuelva una vida feliz, con el amor de vuestros hijos.

Florencio Ferrández Sancho


Safisha

Desde el Africa profunda a la vida en España...

Hola a tod@s, os contaré mi historia. Me llamo Safisha, soy de Senegal. Mi vida era muy triste en mi pobre país del continente africano, dominado por el machismo, las creencias absurdas, y sobre todo la pobreza.

Quedé embarazada muy joven, pero por miedo a mi familia escondí a mi hijo. Yo quería ser madre, pero eso en mi país era imposible, mi familia me mataría, me desterrarían de mi comunidad.

Tengo baja autoestima y quiero dejar de tenerla, como hacerlo de la nada hasta que consiga los antidepresivos en unos días, tengo que escapar de mi aldea. Si Dios me a creado es por algo, la vida es hermosa y me lo esta regalando para que no lo desperdicie, tal vez soy una persona muy solitaria tienes que ser más sociable. Miro dentro de mi y descubro lo bella que eres, los demás no importan, importas tu y punto! ahi que echarle ganas!!

Un día ya no podía más... Quería huir de todo... correr y no parar, no volver la vista atrás y dejarlo todo. Cogí mis pocas pertenencias que tenía y a mi hijo, y me dirigí a la capital Dakar, a pocos kilómetros de mi aldea. Se celebraba la llegada de los pilotos de una competición que creo que es muy conocida, y en Dakar conocí a Mamadou, un joven y fuerte marinero.

El me dio cariño, cobijo, un techo donde vivir y comer. Cuidaba de mí y de mi hijo y éramos felices. De Dakar fuimos a las Islas Canarias, en un pequeño barco pesquero, lleno de miseria y ratas por todas partes, era algo horrible.

Después de 9 días llegamos a Puerto del Rosario en Fuerteventura ...


Una chica encantadora- diario de una inmigrante

Porque la vida no es fácil para ellas.... No pierdas la esperanza...

Diario de una inmigrante.

Busqué y busqué en el mar lo que, en mi vida, el mundo no me pudo dar. Confiaba en las personas sin conocerlas, sin más, porque el corazón tiene razones que la razón no entiende. Cuando se sueña con algo más que trabajar, muerto en una de mis madrugadas oscuras, no tienes salida porque sólo encuentras un final.

Márcharte a otras tierras, a otros mares. Sólo pensar en el amor que toda tu gente te da, en el amor que tienes para dar, pero que no es suficiente porque no te pagan nada por eso... Lo único que consigo es llorar, sufrir por no poder dar más de lo que en esta vida mi corazón quiere entregar.

Solo me queda preguntarle al viento si esos tiempos soñados llegarán. Un respiro, una esperanza cercana, un alivio. Resuenan mis pasos sobre las calles, con el primer recuerdo de mi infancia, cada vez me alejo más de mi casa. Dios mío ayúdame y dime que estoy haciendo lo correcto, dile a mi mámita que yo la quiero, que solo hago esto poque quiero ayudar.

Solo quiero progresar, solo espero poder dar más. Espero junto a un árbol, en el puerto. Hace frío y me entran escalofríos... No puedo más, no sé si está bien o si está mal. Tengo miedo, mamacita, espero que tú desde tus sueños me envíes bendiciones, porque las necesito. Mis miradas se dirigen más allá del mar.

Es muy grande, la hora se acerca. Un bote pequeño y viejo me espera junto a más caras que lloran y me pregunto: ¿Por qué en este mundo inmenso nacimos pero no como quisimos? Ya llegó la hora. Nos acomodamos en la barca, nos miramos y, a pesar de todo, sonreímos, pero mi mirada está distante y abatida, cada vez más se aleja de mi cuna.

Pasan los segundos y en mi mente se convierten en horas. Todos mis recuerdos, mi vida entera, pasan por mi mente como gotas de agua. Se me acerca un susurro a mi oido y me cuenta su vida, su historia. No hacemos esto por gusto, tampoco porque somos malos,solo por necesidad y por eso, cada vez más, para los demas colores nos convertimos en delincuentes. ¿Por qué? me preguntala voz que me susurraba.

Sinceramente yo no lo sé. Solo sé que necesitamos una oportunidad que nadie nos quiere dar. Pasan las horas y yo aquí sentado sin tener nada que hacer, con mucho frío y escuchando las voces que me acompañan y, a su vez, la voz del mar y la mirada del cielo. Que inmenso se ve desde aquí y que pequeño me hace sentir. ¿Por qué el mundo es así? ¿Por qué a ellos? ¿Por qué a mí? ¿Es que simplemente somos manos negras?

Ya sale el sol. Tengo sed, hambre y temo que la comida se acabe. Prefiero que coma el que en realidad lo necesite pero no sé, porque necesitados estamos todos. Cuántas personas tendrán que pasar por esto simplemente por no poder vivir como ellos realmente deberían vivir... Dios mío, pasa el tiempo y no parece que avancemos. Me desespero. No sé si me espera en tierra la buena suerte con los brazos abiertos.

Todos estamos cansados, derrotados poco a poco, sin consiencia, perdidos y llenos de dolor. Todos indénticos, un nómada sin rumbo, inspirado por historias, sin lujos y sin comodidades... Como perros.

Estar en medio de la nada, ser un punto en un inmenso callejón sin salida, esperar a que alguien aparezca y te dé un antídoto a tus problemas. Después de tanto camino, solo sentí cómo el agua tocaba mi piel y cómo la arena me acariciaba y, unos momentos después,escuché gritos y cómo los pasos resonaban en mis oídos y, a la vez, una voz que decía que el peor pecado contra el prójimo no consiste en odiarle sino en mirarle con indiferencia.

Tu nacimiento, al igual que tu país, es puro azar, igual que el de ellos. Os diferencia el color de piel o de pelo, la religión, las creencias o la personalidad pero eso tambien te pasa con tus vecinos.

ATT: Una vida por conocer...


La joven que no abortó

En vez de este título podía haber puesto este otro: ¿El hijo del cura?, pero sería un tanto llamativo y no pretendo eso.

No voy a incidir en que el aborto es una degradación humana. No voy a quejarme de los que, de una u otra manera, hacen que el aborto aparezca como un accidente sin importancia. Yo, simplemente, os voy a contar una de las mayores alegrías que he recibido en mi vida, ya larga, por haber evitado un aborto.

Soy sacerdote y, justamente hoy, celebro el aniversario de mi ordenación sacerdotal. Por eso, quizás, me he atrevido a contar esta sencilla, pero entrañable historia, al menos para mí. . Me sucedió hace unos cuantos años. Estaba en Valencia y trabajaba en la Casa Cuna Santa Isabel, que regentan Las Siervas de la Pasión.

Todas las semanas mantenía una o dos entrevistas con las madres embarazadas o gestantes que estaban recogidas en esta institución. Unas veces era una charla de formación para todo el grupo y otras era un contacto personal con alguna de las chicas. (Para guardar la confidencialidad no diré nombre ni daré datos que pudieran revelar a la protagonista de esta historia) Semana tras semana hablaba con X, una joven embarazada que no sabía qué hacer.

Por una parte le repugnaba abortar, pero era consciente de que, si no lo hacía, su vida cambiaría totalmente y, la verdad, es que no tenía fuerzas para ser madre. Además, como en otros casos, ni siquiera sabía quién era el padre de la criatura que llevaba en su seno; su familia, una familia normal según los criterios sociológicos, le habían echado de casa; no tenía trabajo, porque estaba todavía estudiando?

Yo intentaba darle diferentes razones: que es niño que llevaba en su seno era parte de ella, pero, a la vez, no era de ella; que, sin duda, se parecería a ella; que también ella había pasado nueve meses en el seno de su madre, pero que su madre no podía disponer de ella?¿Hacía dónde se inclinaría su decisión? En la cuarta entrevista que tuvimos me dijo: Gracias por su preocupación, por sus consejos, pero, ¡estoy decidida a abortar!.

Creo que es lo mejor para mí y también para mi hijo?. Intenté hacerla ver que una vida es el mayor de los valores. Que su hijo sería en gran parte lo que él quisiera ser, aunque cometiera errores como ella había cometido, que la vida siempre es algo positivo, que, a pesar de las dificultades, ella sería capaz de sacar adelante a su hijo, como tantas mujeres - Gracias, pero ya lo he decidido. Sé que Dios me perdonará.

Me resultó extraño que nombrara a Dios. No lo había hecho en las tres entrevistas anteriores y yo no se lo había sugerido. Simplemente le dije: Dios nos perdona y te perdonará y tu hijo también en el cielo te perdonará, pero, sin duda, para él y para ti habría sido más hermoso que él conociera a su mamá ¡Piénsalo! Nos despedimos.

Con una fe, como pocas veces he tenido, suplicaba a Dios que la iluminara y que la diera fuerzas? Dejó la residencia de las Siervas. Y no volví a saber nada de ella hasta siete meses más tarde.

Como todos los martes por la tarde me acerqué a La Casa Cuna. Una religiosa me dijo; está ahí X? Me quedé sorprendido. ¿A qué había venido? No pensé que fuera para algo positivo. Me quedé de piedra al verla con un niño precioso.
Siempre se dice esto, pero era la pura realidad, en este caso, en sus brazos. Y así de golpe, me espetó: Aquí tiene a su hijo; sí, porque si no hubiera sido por usted yo habría abortado; gracias; ¡qué feliz soy!

No sabía que hacer, simplemente la abracé con todo el cariño, besé al niño y le dije: Eres una valiente? Mejor dicho, ¡eres madre! Hablamos y hablamos.

Se le notaba feliz, contenta; una y otra vez me daba las gracias. Aquella frase tan sencilla de que sería más hermoso que su hijo pudiera conocer a su madre, le había hecho reflexionar.

Jamás olvidaré esto: aquel día fue para mí uno de los días más felices de mi vida.

Anónimo.


Carta a una madre

¿Puede acaso una mujer olvidarse del niño al que cría, no tener compasión del hijo de sus entrañas?

Pues aunque ella lo olvidara ?dice Yahvé, yo no me olvidaré de ti». Esta frase se encuentra en el libro de Isaías Madre, aunque tú no quisiste que yo naciera, no puedo dejar de decirte Mamá. Te escribo desde el cielo para explicarte lo feliz que estaba, desde que comencé a vivir en tu vientre. Yo deseaba nacer, conocerte, y pensaba que algún día llegaría a ser un niño alegre. Soñaba con ir a la escuela y llegar a ser un hombre importante.

Yo creía que, cuando cumpliera los nueve meses de estar junto a tu corazón y naciera, todos se iban a alegrar en casa con mi llegada. Pero tú no pensabas igual que yo? ¿verdad, mamá?

Y un día, cuando yo estaba tan contento jugando en lo más recóndito de tus, para mí, divinas entrañas, sentí algo extraño?, que no sabría explicártelo, algo que me hizo temblar.

¡Sentí que me quitaban la vida! Yo quise defenderme?, pero la muerte, con implacable y metálica voz, me sorprendió, cuando en tu vientre jugaba tan contento, pensando sólo en nacer para adorarte.

Entonces comprendí que me quitaban la vida. Dime, mamá, ¿quién podría entrar dentro de ti y llegar hasta donde tan seguro me hallaba, para matarme? ¿Quién sabía que estaba allí tan guardadito? ¿Quién fue, mamá? ¿Dónde estabas tú, que no me defendiste? No sé lo que llegué a pensar?, perdóname, pero por un momento el negro cuervo de la duda pasó por mi mente y creí que sólo tú habrías podido hacerlo. Pero no, perdona mi mal pensamiento? ¿Cómo iba yo a comprender que una madre matara a su hijo, cuando en casa no estorba ni el gato ni el televisor?

Ahora, mamá, ya lo sé todo. Estoy aquí en el otro mundo, y un compañero que tuvo igual fortuna que yo me ha dicho que sí, que fuiste tú, porque dice que hay madres que «matan a sus hijos» antes de nacer. Madre, ¿cómo pudiste matarme? ¿Cómo es posible que hicieras tal cosa conmigo? ¿Pensabas, acaso, comprar un lavaplatos o una lavadora con los gastos que yo te ocasionara? ¿O te avergonzaste de mí, porque yo no era hijo de tu esposo? El mal consejo que te dieron lo escuchaste «antes de oír a tu corazón». Yo que tenía tantas ilusiones?

Tú me las quitaste todas. Yo, pensaba ser un buen ingeniero, sacerdote o santo? Hubiera podido ser un buen hijo y un buen padre, pero tú me lo negaste todo. ¿Sabes una cosa, mamá?? Ayer estuve hablando con Dios y le pedí, por favor, que me aclarase la verdad de mi muerte. Él me abrazó tierna y cariñosamente y me dijo muchas cosas?, las palabras más alentadoras y maravillosas que jamás escuché. Las mismas que «siempre soñé escuchar de tus labios de madre», cuando todavía esperaba que un día me «arrullase en tus brazos».

Me dijo también que sólo Él es dueño de la vida, y que nadie «tiene derecho ni poder para quitarla». Por mis ojos, madre, corrían torrentes de lágrimas, pero Dios me estrechó contra su pecho y me susurró tiernamente: «Pequeñito mío, si tú no tienes madre, yo te doy la mía».

Y me presentó a la Virgen María?, y ella me ha dado todo lo que me negaste. Mamá, antes de despedirme de ti, voy a pedirte un favor?, que esta carta que te escribo se la leas a tus amigas?, a todas las futuras mamás del mundo, para «que no cometan el monstruoso error que tú cometiste conmigo».

Te envío todo ese cariño «que hubiera querido darte en vida, y te pido que te arrepientas» de lo que hiciste con tu «hijo que nunca nació». Con esto no quiero que nadie se ponga triste. Con esto quiero agradecer que todas estamos aquí en esta capilla junto a nuestros hijos. Con esto quiero agradecer que nosotras estemos junto a vosotras aquí en esta capilla. Con esto quiero agradecer que vosotras estéis siempre junto a nosotros en esta casa. Con esto quiero agradecer que vosotras estéis brindándoles a nuestros hijos amor, felicidad, seguridad...

Con esto quiero agradecer que vosotras podáis formar parte de nuestra familia... Con esto de verdad que quiero agradecer muchas cosas...

Con esto quiero agradecer que nuestros hijos estén aquí con nosotras y que vosotras forméis parte de ellos. Con esto quiero daros la bienvenida aquí y todos los días que venís, porque formáis parte de nosotras, porque OS LO MERECEIS! De verdad que no hay palabras para demostrar y agradecer todo lo que hacéis día a día en esta casa.?

Departe de todas. Gracias.


Margarita

Cuando lo necesitaba, AINKAREN fue una familia para mi y para mi bebe
 

Mi nombre es Margarita. Quiero contar mi historia. Ésta comienza en Abril de 2009. Yo por aquel entonces estaba manteniendo una relación con mi pareja, llevábamos tres años. Nosotros siempre hablábamos de que no queríamos tener hijos, de hecho, yo estaba operada desde hacía 10 años. Un día de abril, me di cuenta de que la regla no me venía, pasaban y pasaban los días, y seguía sin tenerla. Al principio pensé que podría tratarse de una alteración hormonal.

No le di más importancia, sin embargo, una vez pasados dos meses, pude comprobar con sorpresa que estaba embarazada. Decidí llamar a mi pareja para hablar con él y decirle que estaba embarazada, que íbamos a ser padres a pesar de todo. Al contárselo, no tuvo la reacción que yo esperaba, me dejó muy claro que él seguía queriendo no tener hijos, incluso llegó a pensar que le había engañado y que mis intenciones habían sido quedarme embarazada.

Me dio un ultimátum, o pensaba en abortar o terminaríamos con nuestra relación. Sus últimas palabras fueron: llámame cuando te hayas deshecho del bebé.

Me quedé destrozada, no paré de llorar día y noche durante varios días. Pedí cita en una clínica para abortar, pero fui incapaz de hacerlo. Estaba confundida, no paraba de pensar en cómo contarle a mis otros hijos (de 10 y 17 años) que iban a tener un hermanito. No sabía dónde ir, ni qué hacer, ni dónde acudir. Un día alguien me habló de una Fundación Provida, al contactar con ellos me di cuenta de que estaba en Madrid, pero allí me facilitaron el teléfono de Ainkaren.

Decidida llamé y me contestó Teresa González. Ella me informó sobre cómo funcionaba la Casa Cuna, y qué se ofrecía a las futuras mamás cuando ingresaban. Me invitó a que la conociera, de tal forma que fui a visitarla. Lo que vi allí fueron a 8 madres con sus 8 niños respectivos, en ella las madres tenían todo lo necesario para sus bebés, desde un techo, a comida, apoyo y personas que cuidaban de ellas.

Tan sólo debías decidir quedarte con el bebé y tenerlo. Me gustó lo que vi, me fui a casa, seguí trabajando hasta tener el bebé y cuando cumplió 8 meses decidí entrar en Ainkaren.

Encontré una familia, ya no estaba sola, y además, tenía comida, atenciones, medicinas y médicos. Susana nos trataba con mucho cariño, Teresa siempre me apoyó y me dio lo más importante, un cobijo donde alojarnos mi hijo y yo. Todo esto se lo debo a la Casa Cuna.

A día de hoy mi niño tiene un año de vida, desde allí me ayudaron a encontrar guardería para él, he encaminado mi futuro gracias al apoyo recibido en esta asociación, donde lo más importante que aprendí fue a ser madre.

Gracias de corazón. besos y que Dios les bendiga.

Margarita.


Raquel

Gracias a estas personas he podido tener una nueva oportunidad en la vida

Soy Raquel, llegué a Ainkaren gracias a una red de personas que me ayudaron. Os cuento mi historia...

Yo llevaba con un chico casi tres años, teníamos una relación estable, no nos iba muy bien, pero seguíamos juntos. Por aquel entonces, cuando iba a una revisión ginecológica, siempre me decían que no iba a poder tener hijos, ya que tenía quistes en los ovarios. Tomaba precauciones, pero por alguna razón, un día me di cuenta de que estaba embarazada!!!

Cuando se lo conté a mi pareja, no le gustó demasiado. La verdad es que no entraba en nuestros planes tener un bebé, pero a mi me hacía ilusión, ya que si estaba embarazada aún tomando medios y después de lo que habían dicho los médicos, para mi era un milagro. Sin embargo no encontré la misma alegría en mi pareja, que si bien me ofreció su ayuda para el futuro niño, no quería compartir conmigo esa experiencia.

Decidimos acabar con nuestra relación, ya que suponía una nueva crisis en nuestra pareja y una ruptura total de nuestro proyecto de vida. En ese momento me vi sola, sin saber adónde acudir, ni qué hacer, me daba miedo tener a mi hijo en esas circunstancias.

En Ayuda a la Mujer me tranquilizaron y me facilitaron información para hablar con personas de instituciones sociales aquí en Zaragoza, para tener a mi pequeño. Hablé con una persona que me derivó a Ainkaren, a entrevistarme con la trabajadora social. Una vez llegué aquí me ayudaron en todo, me organizaron la fecha para mi primera ecografía, me ofrecieron una habitación, ayuda durante mi embarazo y después de tener a mi hijo... No me lo pensé.

Entré en la casa cuna donde estoy desde entonces. Aquí no sólo he podido cubrir mis necesidades básicas y las de mi hijo, sino también mis necesidades formativas. Estoy realizando un curso de peluquería, que es lo que siempre he querido hacer, me lo consiguieron en Ainkaren. Un maravilloso mes de Febrero nació mi hijo.

Se fueron los miedos a lo desconocido, ahora sé que tengo de todo para dar a este nuevo ser que ha llegado a mi vida, no le va a faltar de nada, como no me ha faltado a mi en todo este tiempo. Mi intención es seguir formándome, buscar un trabajo y sacar a mi hijo adelante. Si hubiese abortado, nada sería igual.

Gracias a Casa Cuna Ainkaren, en su esfuerzo y fervor en defensa de la vida, he podido tener una nueva oportunidad.

Raquel